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Jorge Abot: en aras del color
Sol García Conde
Diario “5 cinco días” Madrid, 9 de diciembre de 1981.
 
Vuelve a exponer en Madrid un pintor argentino que ganamos para nuestra pintura en 1977, año en que se instala definitivamente en nuestro país y se convierte en profesor de Expresión y Creatividad del ICE, e la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Granada. Hablamos de Jorge Abot, que protagoniza, en la galería Alençon, una de las exposiciones más hermosas que están teniendo lugar, en estas fechas, en la capital de España.
Jorge Abot nace en Buenos Aires, en 1941. Discípulo de Demetrio Urruchúa, asiste al taller libre de dibujo de la Asociación Estímulo de Bellas Artes y obtiene la licenciatura en Sociología en la Universidad de su ciudad natal.
Desde 1967 ejerce la docencia universitaria en Buenos Aires, dirige el Taller de Pintura de la Municipalidad de Baradero y más tarde es nombrado profesor del Taller de Pintura de la Mutualidad de Estudiantes y Agregados de Buenas Artes de Buenos Aires, hasta que, diez años después, se instala en Madrid donde reside desde entonces.

Jorge Abot proviene del figurativismo expresionista. “Mi pintura ha sufrido un proceso de transformación notable, aunque yo creo que han sido pasos sucesivos, sin rupturas espectaculares. En un principio mis cuadros tenían una base dibujística importante que sostenía el color, aunque siempre ha sido éste el verdadero protagonista de la obra. Mis trabajos fueron eminentemente coloristas desde el primer momento, y poco a poco el color fue rompiendo los límites del trazo, fue liberándose el dibujo hasta llegar a mi pintura actual”, nos dice el pintor ante un cuadro espléndido, color sobre color, que muestra en la galería.
Hoy Jorge Abot ha llegado a la abstracción total en aras del color. En sus cuadros no quedan más que leves vestigios de concreciones, quizá sólo en esos trazos gruesos, duros y negros, que de vez en cuando rompen el espacio. El resto no es más que masas de color, elaboradas, trabajadas hasta la consecución exacta de los espacios deseados.

“Me considero un pintor eminentemente intuitivo. Cuando me enfrento a la tela no tengo una idea de finida de lo que deseo, sólo sensaciones y la inquietud que precede al trabajo. Sé que debo plasmar algo, pero no exactamente qué. El cuadro va desarrollándose ante mis ojos casi sin consciencia. Un color pide otro, un espacio el siguiente, y distribuyo materia intuitivamente, por propia exigencia de la obra. Me muevo a través de impulsos irreprimibles”, y no hay duda de que así es al contemplar la obra. Nunca se podría conseguir la frescura de los cuadros que contemplamos si no fuera así.

Ante todo, nos hallamos ante una obra bella, y, como dijo Mondrian, “La belleza pura es necesaria”, porque, la primera cualidad que debe poseer una obra de arte debe ser despertar la complacencia, la emoción del que la contempla, provocar el gozo estético. Creo que lo demás son añadidos, complementos. Una obra no es necesario que sea comprendida, pero no existe como tal sino puede ser gozada. Y estas piezas que hoy nos ofrece Jorge Abot, estos espacios que no pretenden ni más ni menos que ser color, son belleza. En algunos, una belleza explosiva, una explosión de luz y color. En otros espacios dormidos, silenciosos, inalterables. En todos armonía. En esta muestra nos ofrece obra sobre tela y papel, óleo en todos los casos.
Jorge Abot ha expuesto en numerosas ciudades argentinas y españolas. Su obra cuelga en museos españoles y extranjeros, tales como el Museo Municipal de Bellas Artes de Santander, el Museo de Arte Contemporáneo de León, el Museo Internacional de Arte de Malabo, en Guinea Ecuatorial.